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Inclusión forzada en libros de texto de la SEP

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Hace unos días se dieron a conocer los libros de texto de primaria para el ciclo escolar 2023-2024 de la SEP. En 2021 la SEP convocó a cientos de especialistas de diferentes ciencias, a maestras y maestros de todos los grados y trayectorias, a participar en la edición y actualización de los contenidos de tales libros. Fruto de este trabajo colectivo, en el que tuve el honor de participar, los nuevos libros logran reunir una multitud de temas y saberes que buscan poner al día la forma de aprender de la infancia mexicana.

Desde la inclusión de lenguas indígenas, el desarrollo de las artes como la pintura, la danza o el teatro, la inclusión de personas con capacidades diferentes, afrodescendientes y de todos los estados de la república, la salud mental, el cambio climático, hasta la diversidad sexual y la perspectiva de género, pasando por la mención de temas tan actuales como el caso Ayotzinapa, estos libros son por mucho los más incluyentes que México ha tenido en su historia. Las reacciones no se han hecho esperar y es importante aclarar ciertas dudas que circulan en redes sociales y medios de comunicación.

En el tema de la diversidad sexual, los libros mencionan a las familias homoparentales, a la discriminación por preferencia sexual, y muestran algunas imágenes con la bandera de las poblaciones LGBT. Hay quienes creen que sólo por el hecho de saber de la existencia de la diversidad sexual niños y niñas pueden adoptar o cambiar su orientación sexual, como si la orientación sexual se contagiara.

Si esto fuera cierto las personas homosexuales se “contagiarían” durante toda su vida al vivir en un mundo en su mayoría heterosexual. Tarde o temprano las infancias descubren que la sociedad es diversa, que toda persona tiene derecho a expresar su sexualidad, y que una sociedad democrática garantiza todos los derechos a todas las personas.

Hay quienes aseguran que al hablar de sexualidad se está hipersexualizando a la infancia. Basta abrir cualquier red social para darnos cuenta de que todos los días y a todas horas observamos contenidos hipersexualizados en campañas publicitarias y medios de comunicación. Contenidos pornográficos y desinformación sobre la sexualidad son accesibles con un clic sin control parental alguno.

Qué mejor, entonces, que aportarles a niñas y niños las herramientas necesarias contra esa hipersexualización, que aprendan sobre los procesos físicos, biológicos y naturales que ocurren en sus cuerpos y decidan por sí mismos(as), cuando tengan la edad correspondiente, cómo ejercer su sexualidad.

Hay quienes piensan que estos temas deben tratarse únicamente en el ambiente familiar. La experiencia nos ha mostrado que son pocos los padres de familia que tratan estos temas con sus hijos(as), muchas veces no es por no querer, sino por no contar con la información suficiente y científica al respecto. 

La escuela es un medio ideal para tratar temas que competen a todas las personas en una sociedad democrática, para luchar contra los embarazos adolescentes y los abusos sexuales, para transmitir información científica sobre los problemas que enfrentamos en común.

No obstante, cada padre y madre de familia es libre de orientar a sus hijos(as) de forma privada sobre cualquier tema de acuerdo con sus convicciones personales, así lo establecen las normas nacionales e internacionales. No existe sin embargo el derecho a negarle la información a otras personas.

Otras voces acusan la “imposición de una ideología” en los contenidos, sobre todo en materia de género y diversidad sexual. En primer lugar, hay que aclarar que los estudios en materia de sexualidad y de género son estudios científicos, el hecho de que una persona decida creer o no en su facticidad no cambia en nada la existencia de hechos biológicos, sociales, históricos y culturales en nuestras sociedades; de la misma forma que cuando se descubrió científicamente que la tierra era redonda, el hecho de que cualquiera siguiera (y aún siguen) creyendo que fuera plana no cambiaba una realidad física y comprobable.

Las ciencias producen resultados que pueden chocar con nuestros prejuicios, pero esto no cambia en nada la validez de tales resultados. En segundo lugar, todo ser humano nace y crece en grupos sociales que nos “imponen” formas de ver el mundo; nadie nos pregunta cuando somos pequeños(as) si queremos ser católicos, protestantes o testigos de jehová, tampoco nos preguntan qué sistema económico queremos adoptar. Imponer una visión del mundo no debe ser una tarea del Estado, ofrecer la mayor pluralidad de visiones de la realidad, y apostar porque cada persona juzgue y actúe en consecuencia, puede ser la mejor oportunidad que garanticen nuestras instituciones.

Existe en algunos medios y redes sociales una forma de protesta que sugiere una “inclusión forzada” de temas, de actores sociales, de minorías y hasta de derechos. Quizá debamos recordar una cosa: los derechos no se ganan pidiendo permiso. Si fuera el caso, el cura Hidalgo seguiría en 2023 esperando que el virrey de la Nueva España lo dejase hacer una marcha en contra de la opresión en las colonias.

Ni los cambios sociales ocurren espontáneamente, ni puede esperarse que los grupos dominantes concedan a los dominados los tiempos y las formas necesarias para exigir justicia e igualdad social. Por el abanico de temas que abordan y la transversalidad de perspectivas que articulan, estos libros colocan a México a la vanguardia internacional en educación de derechos humanos.

Contenidos que ya quisieran en países europeos como Francia, España o Inglaterra, y temas que reflejan no sólo el avance de los estudios científicos sino el respeto a los derechos humanos más básicos ratificados en tratados internacionales (Convención internacional de derechos de los niños, entre otras).

Es cierto que los libros pueden mejorarse, el tema de las matemáticas y las ciencias naturales debe ser valorado por personas expertas en la materia. La apuesta de la SEP por la interdisciplina no es menor, pasar de materias bien definidas a un modelo sin fronteras específicas supone una tarea inmensa no solo en el tema de contenidos sino en la formación del profesorado. El nuevo modelo supone un reto enorme para maestras y maestros.

Quienes hemos formado a profesorado a nivel nacional sabemos que los contextos estatales distan mucho de contar con las mismas herramientas técnicas, pedagógicas y científicas. Por lo que la SEP deberá tener prevista una estrategia al respecto. Existen también algunas medidas de amparo que tienen que ver más con el proceso de edición que con el contenido de los libros. La SEP deberá responder y mostrar que el proceso se apegó a los procedimientos legales y que los contenidos respetan los programas de estudio nacionales.

Por otra parte, en sus comunicados recientes, la Unión nacional de padres de familia reitera su compromiso a una educación con apego a la Constitución, así como “mantenerse en un ánimo de tolerancia en la diversidad y de un diálogo constructivo en la pluralidad, propios de una sociedad democrática”. En esto estamos de acuerdo todos y todas, y de aquí podemos partir para que logremos que nuestras infancias posean las herramientas necesarias no sólo para su formación estudiantil, sino para vivir en una democracia que tanto nos ha costado construir.

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